LA PAJA EN EL OJO AJENO

Por: Pedro Hernández.

Director.-

“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?, ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42)

Estas palabras de Jesús tienen una especial significación para nosotros, sin excepción, tenemos mucho que aprender de ellas. Todos, sin excepción, tenemos que escucharlas, meditarlas en nuestro corazón, y ponerlas en práctica en nuestra vida de cada día.

En los últimos días ha sido puesta una campaña de descredito contra el profesor y presidente de la Cámara de Diputados, Radhamés Camacho, por la presunción de enriquecimiento ilícito.

Quienes auspician esta campaña desconocen el haber de un hombre que ha dedicado toda su vida al trabajo y al bien común, que ha trillado el camino de la honestidad como el mejor legado de sus padres.

Jesús nos conoce bien. Sabe perfectamente cuáles son nuestras mayores debilidades en el campo de las relaciones con los demás, y quiere que trabajemos intensamente para superarlas, porque son perjudiciales para nosotros en todos los sentidos.

Estos sectores de la sombra desconocen que Camacho ha dedicado un gran tiempo desde su curul como legislador a la agricultura y a la labor de bienes raíces, amén de la largar trayectoria de educador.

Es fácil blasfemar, porque es evidente que los seres humanos, hombres y mujeres de toda clase y condición, tenemos una inclinación malsana y persistente, a criticar a los demás.

Vemos con mucha facilidad, tal vez más de la que quisiéramos, los defectos y las malas acciones que quienes están a nuestro alrededor tienen y realizan, y esto nos lleva solo a criticarlos.

Redhames Camacho tiene una labor que cumplir en la Cámara de Diputado, ahora como presidente de ese hemiciclo, porque además de pedir un poco de respeto, también invitamos a que se le deje trabajar.

Muchas veces nos erigimos en jueces que juzgan y condenan sin piedad a todo el que se nos pone delante, porque el odio y el rencor nos hace perder hasta la razón, por ver a quienes se han superado y alcanzaron la meta.

Criticar a los demás, por una razón o por otra, en un sentido o en otro, es fácil, muy fácil. No exige sacrificio, y siempre habrá un motivo que lo “justifique”, una razón que lo respalde, al menos en apariencia.

 

 

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