Por: Pedro A. Hernández.

Subirse a los elevados y aceras, muchas veces en vías contrarias son de las muchas “chifladas” de estos individuos, llamados motoristas destinados al ocio, al delivery o el motoconcho.

Su fiscalización queda corta a la hora de ser interceptado, al invocar al peligro y poner su vida en peligro, al igual que las de los demás ciudadanos en las vías públicas.

Los motoristas de cualquier índole están como chivo sin ley, en un franco desafío a la autoridad, que como dice el viejo dicho, “por sus actuaciones lo reconoceréis”, las que no tienen nada que envidiar a una película de acción de Hollywood, amen de convertirse en una verdadera máquina de la muerte.

Además, están desprovistos de cascos, luces, documentos personales y de conciencia, a la que lo somete el buen juicio, ante el peligro a que se enfrentan y que representa en el ya traumático tránsito de la urbe capitalina.

La violencia callejeras de los motociclistas o como se llama, se traducen en mutilaciones y muertes, sin que exista observancia a la ley que nos regula a todos, a la hora de conducir desde una bicicleta hasta y vehículo pesado.

Ante los innumerables acontecimientos es necesario que las autoridades emprenden una campaña de concientización, al representar los accidentes de motocicleta una de las primeras causa de muerte en nuestro país. Hay que poner el freno a quienes van al volante para que no figure como una victima más en la lista de fallecidos.

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